
Quizá el incidente más conocido de Maurice fue cuando Hitler le sorprendió en la habitación de Geli Raubal. Precisamente Hitler llevaba su fusta de montar y amenazó a su chófer con ella. Este incidente les alejó por un tiempo. Pero Hitler no se mostró muy duro con su amigo. Años después, cuando Maurice se casó, Hitler puso a disposición de Maurice su piso para la celebración y le entregó 1000 marcos como regalo de boda.
El siguiente chófer, y miembro fundador de la guardia personal de Hitler, fue Julius Schreck. Desde 1928 no se separó de Hitler. Para el Führer, Schreck fue mucho más que un chófer. Se trataba de un hombre con una imponente fuerza física y muy astuto. Tenía una habilidad al volante que complacía mucho a Hitler. En 1936 Schreck contrajo meningitis y murió el 16 de mayo. Su fallecimiento resultó un trauma para Hitler. Tanto es así que Hitler apenas pudo hablar durante su entierro y después colocó un retrato de su fiel chófer en su casa, junto a otro de su madre y el de Geli Raubal.
En la imagen superior vemos a Hitler junto a Schreck al volante. En la imagen posterior, durante el entierro de su chófer.
El siguiente chófer de Hitler, quizá el más conocido, fue Erich Kempka. Comenzó a trabajar para Hitler en el año 1932, a pesar de su juventud, ya que solo contaba con 22 años. Kempka fue elegido tras una breve selección en donde demostró sus dotes como conductor. El mismo Hitler seleccionaba a su personal, algo impensable en cualquier otro jefe. Al Führer le gustaba preguntar directamente a los aspirantes y siempre sorprendía por su alto grado de conocimientos: "¿qué marcas de coches ha conducido usted hasta ahora?... ¿conoce usted el Mercedes con motor de compresor de ocho litros? ¿cuántos caballos tiene? ¿cómo procedería usted en una curva en ese, sin visibilidad, cuando el cuentakilómetros marca ochenta y aparece otro vehículo en dirección contraria? Como vemos, Hitler se involucraba enormemente en esos detalles. Finalmente, Hitler se decidió por contratarlo. Desde entonces, hasta la muerte de Hitler, Kempka no se separó de su Führer. Durante ese año de 1932 recorrió más de ciento veinte mil kilómetros junto a Hitler:
"Día y noche rodábamos por todas las regiones de Alemania y en el transcurso de estos viajes viví muchos momentos gratos. Nunca tuve la sensación de viajar con un jefe, sino más bien con un buen amigo mayor que yo y paternal en su trato. Casi nunca me hablaba Adolf Hitler de sus problemas políticos, pero yo sabía que podía y debía contarle mis dificultades y preocupaciones de orden personal. Me escuchaba con la máxima atención y siempre estaba dispuesto a hacerlo. Constantemente se preocupaba de que los conductores fuésemos bien alojados y atendidos en ruta, y muchas veces le oí decir que sus conductores y sus aviadores éramos sus mejores amigos y que a nuestras manos confiaba su vida."
La posición de Kempka cambió una vez que Hitler se hizo con el poder. Le acompañaba en todos sus viajes, dentro y fuera de Alemania y siempre figuraba en el séquito del Führer como invitado particular. Kempka se convirtió también en el jefe del Parque Móvil del Führer y fue ascendido a Sturmbannführer. Bajo su inspección se construyeron muchos coches para Hitler y colaboró directamente con la casa Daimler Benz. Kempka ha pasado a la historia por ser quien se encargó de la incineración de los cadáveres de Hitler y Eva Braun. Tal era el grado de confianza que solo a él le encomendó esa tarea tan importante. Al finalizar la guerra, Kempka escribió sus memorias con el sugerente título de "Yo quemé a Hitler". Se trata de un interesante librito lleno de anécdotas.